En los momentos en los que necesito fuerza, en aquellos en los que espero que la suerte me acompañe, y en los que busco la serenidad suficiente para afrontar una situación adversa, recurro a ti. En esos días me gusta llevar algo tuyo, en concreto, uno de tus anillos, no importa cuál, pero uno de ellos. Es la manera que tengo de sentirte cerca, de llevarte conmigo, de no sentirme sola, y de conseguir que me transmitas esa energía que conservaste hasta el último momento, la que te mantuvo viva a pesar de todas las adversidades, la que consiguió que afrontaras todos los baches que la vida puso en tu camino, y salieras adelante a pesar de todo.
Elijo el anillo, me lo pongo y salgo a la calle con la seguridad de que ya estamos juntas, de que ya somos dos, de que tú me acompañas, de que tu fuerza hará que pueda superarlo todo, de que tus ganas de que las cosas me vayan bien me harán dirigirme en la dirección correcta, de que tu paz se convertirá en la mía y logrará apaciguar esos arrebatos tan míos que a veces debería dejar de lado.
Y así, de esta manera tan sencilla, sigues formando parte de mi vida y participando de mis emociones, porque sí, también en los buenos momentos, en los días de risas y celebraciones, de algarabía, de felicidad y de fiesta, en esos días, también procuro tenerte cerca.

No necesito más. Miro a mi alrededor y aquí están a mi lado. ¿Se puede ser más feliz?
Al final del día echo en falta alguna llamada. Una vez más no encubro la realidad, no me satisface disfrazar las cosas, prefiero afrontarlas y enfrentarme a ellas, duelan más o menos. Esta verdad no me duele. Quien no me llama es que no me recuerda. Quien no me recuerda no me tiene el suficiente afecto. No hay más.
La otra cara es la de esos afectos que me dan todo lo que necesito, amor a raudales. A cambio, reciben lo mismo. No parezco cariñosa, pero lo soy, y no escatimo palabras y gestos de afecto con quienes quiero. Los quiero mucho, y lo más importante, creo que los quiero bien. Ellos son lo realmente importante en mi vida.
Ha sido un día de esos para recordar, un día en el que soplar las velas y descubrir, un año más, que la fortuna está tan cerca que a veces, por creer que es lo habitual, no la apreciamos lo suficiente.
Ayer me sentí afortunada, y como tal, disfruté de cada segundo de un día intenso e inmenso, como me gusta decir, desde la mañana hasta la noche.

“A veces, hasta sobran las palabras, cuando se trata de hablar, sencillamente de amor…”
La letra de esta canción fue la que me vino a la cabeza precisamente cuando pensaba en ti, en tu cumpleaños y en que este año, por desgracia, no sería capaz de escribirte algo para felicitarte en un día tan especial.
Es curioso cómo funciona el mecanismo de nuestro subconsciente, no hay más que ver este ejemplo, y es que sí, a veces, sobran las palabras, cuando lo que reina, como en este caso, es el amor.
Este año, amor, no habrá, o al menos de momento no lo creo (ya sabes que soy imprevisible) carteles que adornen la casa, mensajes en el ascensor, o regalos en lugares insospechados, porque esta vez, y ahí reside la magia de tu regalo, vamos a viajar, pero vamos a hacerlo con uno de los grandes poderes que tenemos los seres humanos, el poder de la imaginación, aunque también habrá una buena dosis de realidad, realidad regada de gastronomía y el ambiente necesario para vivir, aunque desde la lejanía, parte del tiempo que había planeado para ti.

Nos gustaría colocar cookies en su ordenador para ayudarnos a hacer este sitio web mejor. Para obtener más información sobre las cookies, consulte nuestra política de cookies. To find out more about the cookies we use and how to delete them, see our privacy policy.

  I accept cookies from this site.
EU Cookie Directive Module Information